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Cómo decirle a una chica que “ya no” / Por: Ricky El Rico

Cómo decirle a una chica que “ya no” / Por: Ricky El Rico

ya no

 

[VIDA CITADINA] Las chicas son como las rosas, tienen pétalos que se abren y espinas con las que te atraviesan el corazón. Esto no lo aprendí con los poemas de Bécquer o Arjona, lo sé porque soy un tipo agujereado.

Sus mil formas de decir “quizás” me hicieron sufrir mucho antes de saber los secretos para jugar con las vecinitas, ir al cine con una compañera de colegio o cenar con una chica positiva; hasta que por fin en la universidad, los viajes a congresos académicos en provincias me sirvieron para dominar el arte del amancebamiento (gileo) de forma aceptable.

Sin embargo, una vez que uno cree haber alcanzado cierta gracia, hay un nivel mucho más alto en el juego de la seducción. Así es, después de pasarse años para conseguir el secreto de ligar con una chica, luego resulta que hay que dominar el arte del desligue sin romper en mil pedazos  su corazón.

Como dijo el tío Ben del Hombre Araña: “todo poder lleva una gran responsabilidad”. De esta manera es penoso cuando sientes el deber de decirle a una chica que ha salido contigo por cierto tiempo: “flaca de mi vida, flaca de mi corazón, no voy en tren voy en avión, hasta aquí no más, todo este tiempo que he pasado contigo ha sido muy bonito, espectacular y hermoso; pero ha llegado el barco de las horas por su magistral vía y ha sonado la pitada final de mi partida”

¿Ustedes se creen tan machos de decirle eso? La primera vez, que inocentemente traté de explicarle a una chica que ya no la quería, pues, rompió a llorar a mares, se abrazó de este humilde servidor de las causas democráticas, y puso la mirada tan, pero tan triste, que me sentí el canalla más grande del mundo, y todo eso en plena vía pública, la gente nos miraba, (en ese tiempo yo recién afanaba a chicas de San Felipe), los perros aullaban alrededor nuestro, las hojas caían lentamente de los árboles, el cielo se puso gris y un viejo empezó a tocar una antigua y desconsoladora melodía escocesa con su gaita. De todas maneras terminé con ella. Fui cruel.

Tiempo después recapacité y comprendí que me había comportado como un sucio y miserable aprista bastardo, la culpa anegaba mi alma. Tenía el sagrado deber de ir a buscarla e invitarla a cenar, explicarle mis motivos, decirle que en busca de emociones un día partí en un mundo de emociones que no encontré. Pero ya era tarde, un día llegué a mi casa y encontré una tarjeta de invitación: se casaba en sagrado matrimonio con el más feo de todos los amigos que frecuentaba.

Lección Númber One: nunca te confíes de las apariencias. Las mujeres demuestran una emoción bárbara, se desgañitan llorando, y te juran que has sido el único y te has llevado la primicia chocherita, pero no es así. Las mujeres no tienen sentimientos y siguen siendo impredecibles. Lloran por una reacción del nervio simpático al igual que el hombre eyacula porque la médula espinal lo manda. El cerebro, la mente, el alma, los sentimientos no intervienen para nada.

Por eso, aprovechando que la lógica de Aristóteles no va con ellas, he transformado el Postulado IV de la Mecánica Cuántica del Choteo Masculino en una lista de cinco consejos para marcharse sin dolor y sin pena creyendo que la vida es buena. De paso quedas como un Caballero de los Mares.

Ojo que eso de “no eres tú, soy yo” o “te envío mi renuncia por fax”, ya pasaron de moda.

  1. Quiérela: trata de ser amable con ella, hazle los exámenes, llévale tarjetas de Garfield, de Odie y pegatinas de Hello Kitty, cántale canciones de Gianmarco, grita en público que la amas, anda tras de ella como un perro faldero, llévala al cine del Jockey Plaza y paséala en bote por Ancón – es muy importante que solo sea por un tiempo-. Vas a ver como ella te tira roche y te deja al toque por otro pata más inteligente y bien parecido, como los de “Esto es Guerra”, ¿porqué? Porque así son las mujeres de jodidas, contreras, malas y eucarióticas.
  2. Engáñala con su mejor amiga y luego pídele perdón (a su amiga no, a tu novia, también no seas Guty), ella te pedirá que te arrodilles y le ruegues, pero antes de que te perdone, hazte el tercio.
  3. Cuando vayas caminando por la calle, anda con el ombligo afuera, cojea y justo al pasar por una comisaría di “¿aquí vive López Meneses?”, las mujeres pueden andar con feos, hasta con locos, pero no con idiotas. (Solo un favorcito, si usas esta, luego me dices qué te contestaron los policías, es para una encuesta que me han pedido en la universidad).
  4. Dile que te quieres casar con ella, pero primero tienes que estudiar cinco largos años en la San Marcos para ser un profesional que trabaje por el desarrollo del Perú. Lo de los cinco largos años te atraca, lo de la San Marcos simplemente NO, y mucho menos ella lo hará por el desarrollo del Perú.
  5. Dile que no te gusta “Al Fondo Hay Sitio” que más bien te gusta ver “Historias de la Recontrasegunda Guerra Mundial”, repetir el documental de Zeitgeist y poner Ancient Aliens. Puta compare, ahí al toque te deja. Esa no falla, por la Sarita.

 

Finalmente unas excelente palabras para una despedida me las dio un amigo, reconocido jugador de los clubes de Asia, Regatas y Puente Piedra:

-Amor, lo nuestro no puede seguir.

-¿Qué estás insinuando?- dijo ella.

-Que después de cuatro largos meses, he llegado a una conclusión…

-¿Cuál Justiniano, dímela por favor?

-Tú ya no me mereces.

 

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1 Comentarioen este Artículo

  1. JAJA, excelente entrada 🙂

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