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Feministas casi se matan entre ellas por culpa del feminismo

Feministas casi se matan entre ellas por culpa del feminismo

Agencias Macho Man.- Ayer por la noche, diversos grupos de feministas se gritaron la vela verde y hasta sacaron chaira y rompieron botellas, en medio de una discusión en la cual pretendían establecer una definición de “feminismo” con la que todas, txdxs y tedes estén de acuerdo.

La trifulca tuvo lugar en un reconocido y alturado centro de debate (el Queirolo de Quilca), donde se suelen reunir féminas feministas del feminismo feministonazo de grupos tan diversos como Manuela Ramos, Flora Tristán y RUNA, entre muchas otras, en momentos en que una de las lideresas, lxdxrxzxs o ledereses arengaba a sus lacayas al grito de “¿QUÉ SOMOS?”. Las subalternas en cuestión respondieron “¡SOMOS FEMINISTAS!”, luego de lo cual la fémina alfa replicó: “¿Y QUÉ QUEREMOS?”, generando la controversia entre las presentes.

Entonces, algunas gritaron: “¡QUEREMOS EQUIDAD EN EL EJERCICIO DE NUESTRA CIUDADANÍA!”, lo cual tuvo la aprobación de la jefaza, jxfxzx o jefeze del clan y de sus combatientes más cercanas, pero los problemas vinieron cuando otras gritaron “¡QUEREMOS CUOTA DE GÉNERO EN TODAS LAS ACTIVIDADES DEL GOBIERNO”. Esto último exacerbó los ánimos de algunas de las presentes, quienes señalaron que era una estupidez exigir cuota de género pues hay, según ellas, cosas más urgentes que resolver como para andar perdiendo el tiempo en “ovariadas” (término feminista equivalente a “huevadas”) y que, por último, ellas no necesitan favores del patriarcado. 

La cosa se puso color mimosa-a-fin-de-mes cuando algunas otras, ya entusiasmadas por el alcohol, gritaron: “¡QUEREMOS UNA FOTO DE GUTI CALATO RECIÉN LEVANTADO Y CON MORNING WOOD!”. Si bien entonces la lideresa ratificó el derecho de sus chulías a realizar comentarios sexistas sobre los hombres, algunas de las más académicas cuestionaron con no poca insistencia que tal enunciado reforzaba la noción heteronormativa del culto al falo gigante, además de partir de la mediatización de los modelos imposibles de belleza. 

La discusión parecía cobrar un cálido cariz doctoral hasta el momento en que una representante de la UNMSM golpeó con una fotocopia anillada de las obras completas de Norma Füller a una compañera de la PUCP.

La cosa pudo quedar ahí nomás, pues no hubiese sido la primera vez que dos feministas se mechan en el Queirolo, de no haber sido porque un grupo de señoritas, directoras de ONG ellas, gritaron “¡QUEREMOS CASARNOS CON UN TIPO CON DINERO PARA QUE NOS CONVIERTA EN AMAS DE CASA Y ASÍ DEJAR DE TRABAJAR EN ESTAS VAINAS POR LA CUALES NI CONVICCIÓN TENEMOS!“. 

En dichos instantes las más radicales de las feministas presentes sacaron las navajas que tenían escondidas entre las bragas y se abalanzaron sobre las supuestas traidoras, sin contar con que estas últimas romperían sus botellas de Habana Club y Anís del Mono para empezar a chaquetearles el cacharro.

“No es la primera vez que se mechan de esta forma tan fea”, nos dijo Susana Richards, una chica que trabaja en el bar antes mencionado como mesera para pagarse el instituto. “Lo peor de todo es que después yo, junto con las otras chicas que trabajamos aquí, tenemos que recoger los vidrios rotos, limpiar la sangre y recomponer las mesas… y cuando estas señoras se marchan, ¡ni propina dejan!”, agregó minutos antes de volverse nuevamente invisible para seguir sirviendo trago a las alteradas feministas.

Por otro lado María, una señora vendedora ambulante que pasaba casualmente por la puerta del Queirolo, nos comentó que “a esta hora, más o menos, todos los días las feministas se pelean así; a mí me divierte mucho verlas discutir de manera tan apasionada porque, entre otras cosas, nunca me ha importado saber por qué lo hacen”. Y acotó, al mismo tiempo en que nos mostraba el último moretón que le había dejado su marido en el brazo, que “en mi casa las cosas siguen igualito nomás, mi marido me sigue pegando y yo tengo que trabajar para mantenerlo a él y a mis nueve hijos, mientras estas niñas siguen cuadraturando el círculo del feminismo universalizable  que no sé lo que significa pero ya me lo aprendí de ellas”.

Recogimos otras declaraciones de mujeres que también pasaban por ahí, tales como trabajadoras sexuales, mujeres sin hogar y niñas de la calle, pero no fuimos capaces de entender sus testimonios porque nos resultaron ininteligibles; total, ellas pertenecen a ese grupo de niñas y mujeres que cuando hablan nadie es capaz de escucharlas, mucho menos las feministas con privilegios queirolísticos. 

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