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Foro de Sociología en el Congreso.

Foro de Sociología en el Congreso.

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Parece que se hizo a escondidas porque los congresistas estaban aburridos.

 

De un manotazo feroz, la premier Ana Jarra la que no tose cuando caga, inició el Foro Iberoamericano de Sociología Peninsular y su relación con el Desarrollo de América Latina y parte de Bolivia a desarrollarse en el Aula Magna de la sala Plantinum del Congreso.

Sorprendidos, los ponentes dejaron de tomar su té y volvieron su mirada temerosa al estrado principal donde la primer ministro se preparó para azotar con sus palabras a los distinguidos ponentes. Y dijo así:

– Queridos compañeros, nos hemos reunido en esta Aula Magna, para estudiar, inquirir, investigar, profundizar, excavar, rascar, penetrar, aquella costra, aquel hueco, aquella cueva, esa fosa que existe bajo la realidad social e histórica de la América, aquella península que yace al sur de los Estados Unidos, aquella patria grande mal llamada Latina por algún borrego que cree que todavía no cambia sus pañales del Renacimiento barroco escandinavo churrigueresco de aquella aldea, esa aldea geriátrica mal llamada Europa.

Los aplausos no se hicieron de esperar y una ovación cerrada amenazó con tirar abajo el techo del antro donde se celebraba esta eucaristía epistemológica.

Envalentonado por el ambiente propicio para lanzar las propuestas más audaces, un émulo de Leonidas, admirador de Eustaquio y miembro de la cofradía Copta de San Cipriano, se alzó ese momento y blandiendo su túnica como antiguo legislador romano tomó la palabra y al tomarla también tomó un gran vaso que tenía delante.

– Compañeros, quiero decirles que tras las palabras de nuestra premier, mi corazón se ha emocionado, siento que nuevos aires invaden nuestra causa, pronto la noche será de día y nos mudaremos más allá, donde un mundo mejor nos espera, gracias y ¡Salud!

Todos brindaron con el epónimo orador que no era otro que García Belaunde, el hablador de gran garbo y copiosa cabellera negra.

Al instante como soltado por un resorte un adalid de Aquiles, de fiero rostro, mirada de águila, velocidad de puma y sonrisa de Cancerbero, se alzó sobre su carpeta y blandiendo su lengua por sobre su barba igual que la espada Tizona en manos de don Quijote se querelló contra la asamblea:

– Que habéis dicho mentecatos, no lo sabéis pardiez, confundidos como Dante después de ser pepeado o como Eddie Fleishman en canal 9. Todo lo dicho por ustedes es mierda, sois parte de un villorio, un asentamiento humano, una casa desfondada. Con sus desafinados discursos creen que justifican su pereza mental, pero sépanlo bien. No saben nada. Están el en limbo. Solo el pontificado impoluto del hombre libre de utopías es el sendero perfecto que los desdeña a ustedes por ser inferiores por voluntad propia, tal como mis maestros los hermanos Graco, el general Belisario o el poeta Alan me enseñaron.

Abugattas cual elefante de la retórica hizo frente a Mulder ante el estupor de la masa.

– ¿Te olvidas que fuiste parte del villorio? ¿Te olvidas que tu mirada se asentaba en ninfas cholas de piernas broncíneas? ¿Acaso has olvidado tu tacu tacu en el mercado de las cucarachas? Ahora te vienes a mostrar como progresistas de ideas enfáticas propuestas entre la mixtura de teorías de Sigmund Freíd y Adam Sandler. ¿No estarás escudando tu mente tras los cortinajes de una supuesta e irreconocible vocación de censor?

Mulder irgió la cabeza, graciosos alfileres emergieron su punta en la testa aureolada por el furor rojizo de su indignación, estrellas revolucionarias empezaron a girar.

– ¡Los conmino a demostrar esa falsa y alevosa afirmación! ¡Solo los cobardes se esconden tras una careta y esos nos somos los de mi laya!

– ! Cállate perro!

– ¿Que gallina dijo eso?

Desde un salsero curul saltó el gran Kenji Fujimori.

– Yo, gran pícaro, dime gallina en mi cara pues, te quedas callado, ya te pareces a Claudio.

– Más respeto mierda, espero que te refieras a Claudio Pizarro, enfermo escudero del patógeno vendedor de mototaxis Gago, yo siquiera miraba a las cholas ustedes paraban jugando pinboll con sus pájaros, enanos miserables, algún día el sistema…

– Si pero tu mirabas nomás, mirabas, mirabas

– Déjame hablar chibolo rosquete que el tribunal me respalda porque yo soy…

– Lata, lata, lata, ¡tu vieja esta calata!

– Se ve que tú no tienes educación ni la instrucción metódica que yo…

– Harina, Harina, harina, ¡La Cuculiza a ti te orina!

De pronto una voz grave tronó:

-¿POR QUE NO TE CALLAS?

Kenji se calló y su caballo ensilló.

Abugattas dijo que tenía algo que hacer por Santa Luzmila.

Anita Jarra se bajó del podio y fue a prepararse una limonadita

García Belaunde, Julio Gago, La Cuculiza y Lucianita fueron a bañarse juntos en la ducha de la Municipalidad.

Renzo Reggiardo y Federico Pariona comenzaron a retirar las sillas.

Mientras Martha Chávez la congresista con valores se fue a una cabina pública a llamar a Fujimori  para decirle que ya le estaban llevando su muñeca system.

 

Solito se quedó Mulder.

Es que había llegado el gran defensor de las causas necesitadas, el Gran Urresti. El Desfazedor de Entuertos, El Comisario del Pueblo, El Tayta, Papa Grande, El Señor de la Montaña, el Apu Kon Titi, el Manitú de San Cosme.

Y era por gusto polemizar con él, menos si traía consigo a Pedro Cateriano, el papa negro del ministerio.

– ¿Te estaba jodiendo no?

– Si un poco, pero en fin son gajes del oficio, Arff, Guau.

– Bueno para que se pase te voy a condecorar.

-¿Por mi labor de Congresista?

-No.

-¿Por mi labor de colegial en el colegio fiscal?

-No.

-¿Entonces?

-Por tu labor de policía en el Congreso. Por favor pásame la correa y el rico can Pedrito.

 

Demás está decir que el foro fue un éxito como todo en el Congreso.

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