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La Seño María y su tórrido romance con el fotógrafo Gary

La Seño María y su tórrido romance con el fotógrafo Gary

Dicen que todo empezó una mañana de fin de mes en que Gary andaba recontra misio y no le alcanzaba para el almuerzo. Faltaban dos días para cobrar y no podía darse el lujo de gastar mucho su eximio sueldo como fotógrafo del Trome. Cuando eso pasaba, solía ir a la esquina por un pastel de choclo de sol, pero aquella vez tenía mucha hambre y ya estaba cansado de ese pastel. Guardó todo su orgullo de egresado de la UPC y fue a almorzar al Parque Universitario. Grande fue su sorpresa al ver quién estaba detrás de ese oyuquito de 2 soles que le servían. Una morenaza más despachada que el menú sobre su mesa.

Empezó a ir más seguido por ver a la Seño María, como le decían los comensales del restaurante. Se dio cuenta que ese menú le hacía llegar holgado a fin de mes, sin necesitar pedir prestado 20 lucas al conserje del edificio como hacía antes. Además siempre pedía su yapa y María con gusto le echaba otro cucharón de guiso. Así poco a poco fue cayendo Gary. Primero cayó en el hospital por una enterocolitis y luego cuando le detectaron parásitos. El médico le recomendó que escogiera bien donde comía en la calle, pero a él no le interesaba ya su salud. Sus ganas de ahorrar fueron más y pronto se volvió inmune a los coliformes.

De ahí al amor solo había un pequeño paso, que ocurrió cuando María le sirvió Marucha Salada. El flechazo le llegó sin anestesia. Desde ese día soñaba con María. Con esas yucas, con esos mondongos, con esa sopa y esas alitas sudadas que siempre le servía la Seño con muchos coliformes, pero mucho cariño también y en especial por la marucha salada. María se dio cuenta que amaba a Gary porque era el único comensal que se enfermaba pero volvía a su restaurante. Era muy tierno. Para demostrarle cuanto le quería desde ese día empezó a lavarse las manos.

Se volvieron confidentes. A Gary le gustaba contarle todos los días lo que pensaba como periodista a María. Ella parecía un cantinero escucha penas, de esos que salen en las películas gringas pero que en Lima no existen. Todos los días la misma monserga de Gary: que la corrupción llegó a todos lados, que la primera dama es quien gobierna, que PPK no debería postular, que la concentración de medios es pésima para el país, es decir, le contaba todo lo que nunca podía publicar en el diario donde trabaja o lo despedirían.

María lo escuchaba con una sonrisa a medias mientras seguía sirviendo sopa de morón a todos los comensales. La seño no podía prestarle atención a todo lo que decía, ya que andaba concentrada sirviendo comida, pero para no caer mal siempre le contestaba siempre: “Mi amigo Gary, creo que tienes razón”; lo que siempre le hacía sonreír al fotógrafo y regresaba a su trabajo con cara de idiota. Era un periodista feliz, algo muy raro en su sala de redacción. Ya ni se quejaba de su mísero sueldo ni del sobretiempo que hacía sin recibir retribución.

Fue así como empezó el amor. Gary ya no podía vivir sin comer ese mondonguito y la Seño María disfrutaba las cojudeces que hablaba Gary. Le parecía lindo porque “parece que sabe mucho”, le confesó a su prima Yola, quién le ayuda en la cocina. Desde ese momento todos los días después del almuerzo se van a un hostal de ahí cerca para disfrutar mutuamente del postre. Ella empezó a escribir todo lo que le dice Gary y lo guarda en un cuaderno. Cada día empieza  con Hoy el fotógrafo Gary vino por su plato del día” y termina con Mi amigo Gary creo que tiene razón”. A veces también dibuja un corazón.

Le enseñó a Gary la ruta para que llegue a su casa: tomas la San Felipe Express en Benavides por todo Panamericana hasta el ovalo de Ventanilla. De ahí una combi a la derecha y te bajas pasando dos cerros. Ahí lo esperaría siempre, le dijo. Luego de varias visitas ocurrió lo que tenía que pasar. Gary construyó un par de cuartitos con ladrillos y los techó con eternit. Ya tenían se nido de amor. Se mudó con María y desde ese momento es feliz con su tacu tacu montado mañana tarde y noche. María solo espera que Gary nunca le deje por una malcriada del Trome. Él le contó que les toman las fotos en la misma sala de redacción. Ese es su único temor. Después de eso, está feliz. Están felices. La Seño María y el fotógrafo Gary. Quién lo diría.

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