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Mario Delgado se fue y solo dejó 4 tablas en su testamento, suficiente

Mario Delgado se fue y solo dejó 4 tablas en su testamento, suficiente

Mario Delgado, fundador del legendario Grupo Cuatro Tablas, falleció ayer. El conocido y renombrado actor, escritor y director de teatro llevaba varios meses luchando contra una difícil enfermedad, y en esa batalla venía siendo apoyado por amigos, colegas e instituciones que, desde siempre, lo hemos admirado y querido como maestro, confidente chelero y, sobre todo, como ser humano.

Pensamos que en estos momentos de dolor no se puede hacer broma alguna, pero igual lo intentaremos, en el nombre del mejor espíritu jocoso del propio Mario, dueño de cierto sentido del humor que solo él entendía (pero de cuyos chistes igual había que reírse porque era el maestro y se le tenía cariño). Además, él tampoco se detuvo en su trabajo teatrero, porque incluso a pesar de todos los problemas (principalmente económicos, pues en este país la cultura… ya saben) que le salieron al paso, Cuatro Tablas continuó haciendo lo suyo: teatro del mejor.

Así que podríamos empezar diciendo que Mario Delgado se encontraba preparando por enésima vez el mismo montaje icónico de siempre, “Oye nuevamente”, el cual ya había sido bautizado para la segunda vez que fue puesto en escena como “Oye nuevamente nuevamente”, y para la tercera “Oye nuevamente nuevamente nuevamente”. En esta ocasión, don Mario pensaba llamarlo “Oye nuevamente nuevamente nuevamente, nuevamente nuevamente nuevamente nuevamente, nuevamente nuevamente nuevamente nuevamente nuevamente ad infinitum”, aunque también sabemos que barajaba la posibilidad de poner en los afiches algo así como: “¡Escucha de una vez, por la PTM!”.

También diremos que su escuela de teatro ha aportado a la historia del país a los mejores gimnastas y contorsionistas peruanos, con eso de la memoria del cuerpo y la vanguardia creativa, por las cuales todos aquellos que alguna vez fuimos sus alumnos nos dedicábamos por HORAS a dar de volantines, caminar de manos, saltar en caballetes y hacer rutinas desafiantes en las barras paralelas mientras recitábamos textos de Shakespeare, Brecht y Lope de Vega.

También diremos que nunca nadie le pudo dedicar nunca esa de “qué bonitos ojos tienes debajo de esas dos cejas”, porque 1) esas dos cejas siempre fueron una sola, y 2) las cejas eran tan grandes que nadie pudo constatar si de verdad tenía bonitos ojos.

Sus restos son velados, junto con lo que queda de la vanguardia teatral limeña, en la Sala Mochica del Ministerio de Cultura (Javier Prado Este 2465, San Borja, Lima). A ver si, ahora sí, los demás grupos y directores se dejan de tonterías y ponen en escena cosas que de verdad correspondan a nuestra realidad, con actores que de verdad representen a la mayoría perucha y con precios que sean realmente accesibles. Porque hasta ahora cada vez que queremos ir a Larcomar a ver alguna obra de teatro, nos terminan quitando las bicicletas y nos llevan presos por no pasar el filtro cromático.

Chau, Mario. Tendremos que trabajar como mierda poder decirte otra vez que “tu país está feliz”. Pero lo haremos, es una promesa. Tenemos una gran deuda con este país, con su historia y con su arte, especialmente con su teatro. Pero sobre todo, tenemos una eterna deuda contigo.

Imagen: Cuatro Tablas Teatro

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