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PULP OFF: La solución final a la Ley Pulpín

PULP OFF: La solución final a la Ley Pulpín

El doctor Polibio Vargas de la Roz es un viejo abogado que todos los días ocupa su oscuro despacho del Ministerio de Trabajo, pasa todo el día tomando su café, viendo televisión pero lo que más le gusta es conversar con las jóvenes pasantes de otras oficinas, el rótulo de su oficina es: “Dirección de Búsqueda del Bienestar y Desarrollo del Trabajador Nacional“; a su secretaria le consta que en 40 años ha sido más fácil para el doctor encontrar inteligencia extraterrestre en un sótano del ministerio que  algo que remotamente tenga que ver con la prosperidad de algún peón, empleado u obrero del país.

Hace cuatro décadas el doctor Polibio tenía 30 años, había llegado por encargo del gobierno militar y tenía como meta encontrar el equilibrio entre felicidad y productividad para la casta trabajadora del país. Si los científicos extranjeros descubrieron las leyes que rigen al átomo y la anticoncepción, el país tenía el deber de ofrecer al mundo las leyes que liberen al ser humano de un trabajo odioso, mal pagado  y para colmo escaso.

Nunca alcanzó la meta.

Lo que sí consiguió fue que todos los miembros de su equipo se vayan a otras instancias del Estado o que vayan muriendo uno a uno. Propuesta tras propuesta enviada hacia las altas direcciones todas fueron rechazadas, cientos de estudios, esquemas y definiciones quedaron almacenados en un polvoriento anaquel de la Dirección de Proyectos Fallidos Nacionales. Ahora solo con su secretaria, tenía miedo que su única acción efectiva fuera la clausura de la dirección.

Un día mientras jugaba rocambor con una practicante del área de sistemas se enteró como se publicaban las leyes en el portal del estado. Se maravilló de lo fácil que era oficializar una norma. Bastaba  usar un nombre de usuario, una contraseña y la grácil practicante informática de 20 años en un microsegundo hacía lo que don Polibio había intentado durante 40 años. Publicar una ley.

Esa misma tarde redactó una, luego pasó inadvertido por la oficina del ministro y sacó su sello, bajó a su despacho y ordenó a Remigia, su secretaria, que firmara igual  que el ministro, faltaba la aprobación del Congreso, así que llamó a la practicante de sistemas para que copiara los sellos del Parlamento de otra ley publicada y las pusiera encima de su propio documento digitalizado, por último le dijo que la cargara al sistema nacional de leyes, luego se despidió de ambas porque ya era hora de salida y se fue a su casa.

La ley que el doctor Polibio había promulgado se resumía en sus tres artículos principales:

Artículo 1.- Objeto de la Ley. Hacer felices con igualdad de oportunidades a los trabajadores sin menoscabar la productividad de la economía nacional.

Artículo 2.- Supresión de la herencia. Los bienes de un ciudadano al morir regresarán al Estado y no podrán ser transferidos a sus hijos. La riqueza recaudada será invertida en pagar el seguro y la educación de los trabajadores.

Artículo 3.- Supresión de la jornada de 8 horas diarias. Cómo máximo un trabajador solo podrá trabajar 4 horas al día, fomentando el régimen de turnos para extender el acceso  al empleo de más personas garantizando la continuidad productiva de las organizaciones y empresas. El Estado promueve el uso del tiempo libre de las personas en actividades más acordes con la condición humana estimulando su elevación espiritual.

Al día siguiente el doctor Polibio temprano veía las noticias, las multitudes habían salido a las calles, las fuerzas policiales eran rebasadas, los tanques encendían motores, el gabinete en pleno había renunciado, obreros y universitarios incendiaban las plazas, maldecían al gobierno que no contento con desheredar a sus hijos se atrevía a quitarles lo más sagrado de su existencia: Las 8 horas diarias.

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