Compartir
Speed Combi / Crónica de viaje hacia Lima Norte

Speed Combi / Crónica de viaje hacia Lima Norte

Era una mañana tranquila, sábado, no trabajaba; las nubes adoquinaban el cielo, lo tapaban con su color de hielo ahumado y lo mismo hacían las flacas en tanga con los pasquines colorines que vendían en las esquinas, de verdad que le daban un aire pornonecrofílico a las noticias fresquitas, o mejor dicho a los muertitos estrenaditos del día, pero bueno, las anomalías y perturbaciones sexuales de una minoría no eran de mi incumbencia, así que le pedí a la señora que atendía el tenderete que me diera un ejemplar de Mecánica Popular, no sin antes observar que los Ajá, los Chinos y los Tromes se acababan como pan caliente, allí caí en la cuenta de que debía retractarme o bien revisar el concepto que yo tenía sobre la palabra “minoría”.

En esas cavilaciones estaba cuando a lo lejos a una cuadra de donde yo estaba, divisé a un heladero remontando la avenida, como yo soy bien aficionado al helado me lancé en su persecución, pues soy fanático de los helados de vainilla con chispitas de chocolate, en eso estaba cuando me vi envuelto en un montón de gente que me empujó y zarandeó entre chillidos vociferantes y casi sin darme cuenta una combi me “tomó”. Sí literalmente, yo no abordé el vehículo, este lo hizo por mí, al grito de:

-¡Kilómetro 22, Retablo, La Pascana, Comas, Chosica, La Punta, Villa!

-Espere yo no quiero ir.

-¡A cincuenta, cincuenta nomás, con boleto regalón, ya no paramos, vamos de fresa!

No tuve tiempo de salir, algo parecido a lo que soportó Tom Hawks y Kevin Bacon en Apolo 13, me proyectó hasta el último asiento, donde una mujer muy gorda, sobre cuyas rodillas me encontré empotrado, me miró maternalmente me alzó en vilo y me encajó entre ella y un tipo ceñudo muy parecido al pariente chinchano de  Arnold Schwarzenneger ; así apretado como estaba y en un acto furibundo ante tamaño atropello, me levanté decididamente y encaré al cobrador quién en ese instante recién entraba en la combi a pesar de que íbamos a 90 kilómetros por hora, iba a explicarle mi situación cuando de pronto creí reconocer su rostro, parecía haberlo visto en los periódicos, en las páginas policiales para ser más exactos.

-¡CANEVO! -casi grité.

-¿Cómo dijo señor?

-Esteee… ¿Este carro pasa por Canevaro?

El cobrador se dirigió hacia quien manejaba el bólido.

-¿Kukín, vamos por Canevaro?

-No, porque ahorita ya entramos a la Túpac Shakur, pero espérate que ahorita cortamos.

Fue entonces cuando creí que era el momento oportuno para resolver mi problema, pero me quedé paralizado cuando escuché al cobrador hablarnos.

-¡Arriba las manos! ¡A ver, arriba las manos!

Yo fui el único que lo hizo.

-Disculpe señor, me equivoqué… ¡A ver, pasaje en la mano, pasaje en la mano!

-Sabes que ñato me vas a disculpar, pero yo no quise subir a la combi.

-¿Qué?

-Me quiero bajar.

– Ya paga tu pasaje ahorita, o te opero con machete.

Su aspecto amenazador, decía que la cosa iba en serio, me pregunté sobre lo que haría Bruce Willis en una situación similar. Acto seguido más inspirado me enfrenté con decisión a mi oponente.

-¿Tienes…? ¡Ejem! ¿Tienes cambio de cien?

El cobrador abrió los ojos como platos.

-¡Sí! Sí tengo -y extendió la mano.

-¡Ah!, qué bien, porque hoy en día no se encuentran cobradores con sencillo.

-¡Ah chistoso! Bueno, anda diciendo tus últimas plegarias, porque acabas de comprar tu pasaje al cielo.

-¡No!

-¿No qué?

-No te lo puedo creer.

-A ver si le crees a “ISIS”.

Así se llamaba la cimitarra que llevaba escondida en la secreta del pantalón el salvaje este.

Fue entonces que el chofer le gritó al cobrador:

-Loco avisa, hay tres chacales atrás.

El conductor daba el aviso mientras tomaba una curva, mejor dicho la acera, porque para estos animales da lo mismo.

-Una cúster, una mitsubishi y una custom por troya.

-¡Guarda que voy a meter fierro a fondo!

-Chévere cuñao, yo también le voy a meter fierro a un tipito que no quiere pagar la suya.

-Chúzalo nomás.

La sentencia fue determinante, fría como las ráfagas de viento que entraban por las ventanas sin lunas del misil con ruedas en que me encontraba y que hacía que los aromas de mixturas que en el pecho llevaba la rubia al pomo sentada enfrente mío me envolvieran en un vaho sensualmente letal y barato, lo raro de la gélida corriente de aire es que a ella le entraba por el escote y le salía por la minifalda, ya caliente por supuesto, más en estos cruciales momentos no podía abstraerme en deliberar sobre pensamientos filosóficos, había que pensar en el cobrador, que ya venía con sus boletos regalones en una mano y en la otra con su alfanje “ISIS” Acero Inoxidable Facusa, mientras muy tierno decía:

-Paga o te mato.

Traté de distraerlo del punto de atención, táctica aprendida del señor gobierno.

-¡Choche guarda, una curva!

-¡Curva te voy a dejar la nariz! -y avanzó por entre los pasajeros que indiferentes leían el periódico o se rascaban la cabeza.

-¡Mira, causa, una gaviota muerta!

-¿Dónde? -y el cobrador miró al techo.

Fue cuando agarré la pierna de la rubia, la alcé y empotré la punta de su zapato en la entrepierna del cobrador.

Parece que le gustó, porque cayó revolcándose atrás, mismo Jacqueline Bisset en “Orquídea Salvaje” al tiempo que gemía:

-¡Conch#%^%$#@&&&&%$ agggg!

Y allí ocurrió la de Dios es Cristo, porque el chofer inquirió sin saber lo que pasaba a sus espaladas.

-Habla por la derecha para entrar.

Yo la hice de cobrador y le grité:

-¡Libre choche!

El choque con el remolque de vehículos que venía por la derecha, fue realmente espantoso, pero fue el remolque el que se llevó la peor parte, porque se abolló bien feo la esquina de su parachoques delantero. En cambio la combi quedó convertida en una bella y hermosa patineta de rueditas en línea, menos mal que no hubo muertos, contusos no más, gracias a la matrona gorda que fungió de airbag.

De los ocupantes de la combi, no puedo decir mucho, solo sé que el chofer y el cobrador, se dedican a hacer mototaxi en patineta, la rubia al pomo quedó embarazada del negro que se parecía Schwarzenneger y yo ni más salgo día sábado a las diez de la mañana a comprarme un helado de vainilla con chocolate.

Facebook Comments

About these ads

2 de Comentariosen este Artículo

  1. “Haber” arriba las manos? Y eso que no leí todo!

    Responder
  2. Qué aburridooo

    Responder

¡No comentes! ¡No! ¡No lo hagas! ¡Nooooooo!